Sybil Vane

En un salón de piso de soltero
con vino y copas en la mesa roja
mis ojos comienzan un tira y afloja
con el azul que enmarca tu sombrero.


Aparece ese mechón rubio, arquero,
y llenas tu garganta con aloja,
mezclada con un joven Rioja,
mientras la noche juega en el alero .


Y los espiritus del rojo vino
mezclado con gotas de aloja clara
dirigen tus palabras a las mías.


Y a tu piel, que viste el algodón fino,
rozada por el hielo en la alborada,
con mis manos y mi espalda alías.

Acaso

La casualidad anda suelta,
la están buscando.
Hay una recompensa
que podrán llevar al bolsillo.
La han visto tomando dulces y almendras
en un patio antiguo con helices de colores,
leyendo un comic clásico
y en un pueblo del norte de la región.
Los testigos recuerdan
el carmesí vivo de sus labios
y los pantalones negros, cortos,
las medias grises a lo Brigitte.
Hay una recompensa,
búsquenla
¿A qué esperan?



Tess y Ray

De entre los recuerdos de mi infancia y adolescencia que de cuando en cuando asaltan mi memoria, uno de los más nitidos e intensos es el de las noche en blanco leyendo. Aun conservo la linterna que iluminaba el reverso de mis sábanas en invierno y recuerdo la voz de mi madre pidiéndome que me durmiera en verano. Varias decenas de libros pasaron por mis manos, cientos de personajes con los que surgía una intimidad cada vez más estrecha, historias que esperaban sobre una mesilla de noche marrón, curiosidad por la página siguiente, ojeras al día siguiente. La pasta de fibra vegetal tatuada en negro tomaba vida y... había que tener agallas para leer la última página, para decir adiós al complice con quien has compartido cama tanto tiempo. Años más tarde, un libro ha vuelto a conquistarme de la misma manera. No lo resumiré, no citaré ningún pasaje, ni si quiera diré si es prosa o verso, ficción o ensayo, teatro cómico o tragedia. Tan sólo transcribiré tres pensamientos que cruzaron mi cabeza durante su lectura: "No puedes morir, Ray. No debes morir "; "Tess, cuéntame más. Evitemos la contraportada"; "Se ha acabado...".


Tirada matinal

Una foto a color y la letra sans seriff
de un artículo de periodico
han informado que te sigo queriendo.

Vuelvo al Lápiz y al papel

Vuelvo al lápiz y al papel,
regreso a la perspectiva isométrica
de hacer converger la punta de carbón
con el folio orientado aleatoriamente.
Vuelvo a tachar y escribir por encima,
a crear esferas de inutilidad poética
que afinan mi puntería.
Mi codo sostiene una hoja en blanco,
mi puño la mejilla,
mi mano un lápiz gastado
que provoca el primer llanto
del contacto de mis neuronas
con el fluido blanco de la existencia.

Contraataque

Puedo acabar con todos vosotros,

chica que compartió mi vino, en una tarde-noche

bajo los naranjos que se desnudaron

no hace mucho tiempo

de su azahar,

amigo del que no espero nada,

al que espero en esencia,

y en presencia,

con nuestra propia imperfección

que nos hace intimamente únicos,

mirada de ojos verdes presente en mil lugares,

que me sumerges en el vacío,

sólo tus ojos,

y un silencio,

poeta atacado por sus propios fantasmas,

recibiendo castigo injusto como la misma vida,

consciente de que mañana tú maltratarás

cualquier ideal de justicia

y recibirás las saetas

que ahora arrojas con amargura e ira.

Puedo acabar incluso contigo,

chica sonriente de rubios tirabuzones.

no te dejaré vivir con el recuerdo

de ese estremecimiento que sentiste

cuando te rodeé la cintura

en nuestra última despedida.

Podría rasgar estás páginas y echarlas al fuego

y crear el más bello suicidio colectivo

antes de acabar esta cerveza,

que no consigue amainar

este dolor en la pierna.

que me postra inmóvil en una habitación

ya demasiado conocida.

Poesía feroz

Hoy mi último poema me ha atacado
dejándome heridas profundísmas
y un inmenso dolor en mi corazón.

Negro relativo

Me quedé dormido
antes de programar el despertador,
así que perdí el tren de las 8
con destino King's Cross Station.
La bomba hizo explosión a las 8.56.
Ese día no llegué a mi cita laboral.

Han pasado cinco años
y hoy el cartero
me ha entregado la última carta
que mi mujer mando a su amante.
El sello no cubría
el franqueo postal.



Le Moment Choisi

Una retirada a tiempo
puede significar un gran logro
pero yo no me di cuenta
de que mi reloj atrasaba,
absorto en mi deseo de no rendirme,
sin querer prestar atención
a los indicios claroscuros
ni a las campanadas que vibraban
alrededor de mi sordera
autoinducida.
Marcho, en fin, ahora
extrañamente satisfecho,
sin la sensación de haber perdido mucho
y dando cuerda a mi reloj.



Bares y Estaciones

Esperar en una estación de autobuses,
mirando a los viajeros
por si uno eres tú, viajera,
que me visitas en intervalos anuales,
con tu pelo, negro, castaño,
rizado y liso con flequillo.
¿Te he dicho ya que te quiero?
que disfruto contigo
a pesar de tu intrínseco sufrimiento,
que me impulsas a lo absurdo,
a lo hasta hace un minuto imposible,
a mi terreno abonado de irracionalidad
y movimientos espontáneos.
Esperar en un banco metálico
para volver a descubrir
esa copa de vino en ese bar escondido
que siempre me gustó
pero que nunca pisé,
pues el vino nuevo en copa vieja
sabe mejor contigo.
Siempre me gustaron los autobuses
y los bares pequeños
difíciles de encontrar.

Esencia de cambio

¿Y tú dices que sufres?
Aun te queda mucho por sufrir,
mucho por vivir, mucho por amar.
Esto es sólo un comienzo,
cruel, bello, intenso
y a veces despreciable,
como somos uno a uno los mortales.
¿Tradicional dices que eres?
Estoy seguro de que cambiarás
sin ser probablemente yo testigo.
Lo que pienso
no coincide con tus creencias,
lo que te aguardo
no casa con tu ética,
de cuya esencia dudo.
No pienso darte consejos
(en su mayoría detestables),
confía en el cronos pedagógico,
confía en ti misma y, por favor,
no seas cruel,
no me dediques tu sonrisa.

Olvido

¿Merece la pena el esfuerzo
de poner la mente en blanco
para que al final se tiña en verde,
siempre en verde?