Tess y Ray
De entre los recuerdos de mi infancia y adolescencia que de cuando en cuando asaltan mi memoria, uno de los más nitidos e intensos es el de las noche en blanco leyendo. Aun conservo la linterna que iluminaba el reverso de mis sábanas en invierno y recuerdo la voz de mi madre pidiéndome que me durmiera en verano. Varias decenas de libros pasaron por mis manos, cientos de personajes con los que surgía una intimidad cada vez más estrecha, historias que esperaban sobre una mesilla de noche marrón, curiosidad por la página siguiente, ojeras al día siguiente. La pasta de fibra vegetal tatuada en negro tomaba vida y... había que tener agallas para leer la última página, para decir adiós al complice con quien has compartido cama tanto tiempo. Años más tarde, un libro ha vuelto a conquistarme de la misma manera. No lo resumiré, no citaré ningún pasaje, ni si quiera diré si es prosa o verso, ficción o ensayo, teatro cómico o tragedia. Tan sólo transcribiré tres pensamientos que cruzaron mi cabeza durante su lectura: "No puedes morir, Ray. No debes morir "; "Tess, cuéntame más. Evitemos la contraportada"; "Se ha acabado...".
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario