Esperar en una estación de autobuses,
mirando a los viajeros
por si uno eres tú, viajera,
que me visitas en intervalos anuales,
con tu pelo, negro, castaño,
rizado y liso con flequillo.
¿Te he dicho ya que te quiero?
que disfruto contigo
a pesar de tu intrínseco sufrimiento,
que me impulsas a lo absurdo,
a lo hasta hace un minuto imposible,
a mi terreno abonado de irracionalidad
y movimientos espontáneos.
Esperar en un banco metálico
para volver a descubrir
esa copa de vino en ese bar escondido
que siempre me gustó
pero que nunca pisé,
pues el vino nuevo en copa vieja
sabe mejor contigo.
Siempre me gustaron los autobuses
y los bares pequeños
difíciles de encontrar.
1 comentario:
Genial. La realidad del viajero es así, ojalá que nunca nos asentemos y viajemos porque significará que estamos vivos. Nada es para siempre, mejor vivir con la maleta hecha. Me quedo con la imagen del vino nuevo en copa vieja sabe mejor contigo. No importa lo que vivamos, sino a veces con quién lo compartimos.
Publicar un comentario