Esta noche pasó por mi apartamento Martha.
Era una visita esperada, aunque no programada.
Me había duchado y afeitado, como solía hacer
cuando me encontraba con su madre.
Casual fue el ritual higiénico,
pero la ocasión lo mereció.
Mi condición de lisiado eventual
me hizo apreciar aun más la visita femenina.
Vino conmigo a mi sofa, y acurrucada sobre mí
con sus pies sobre el almohadón rojo,
me habló de su vida, de su niñez,
de sus anhelos y enfermedades.
De lo difícil que es vivir, y de que el amor
se le diluye cuando no lo tiene ante sus ojos.
A Martha le gusta viajar y tomar café amargo,
probablemente para saborear más
el dulzor del chocolate y la mermelada.
Sonrío mientras entra por mis ojos,
refrenando, a la vez, un paternal "así es la vida"
porque no la puedo mirar con ojos de padre.
deja de hablar, la rodeo con mis brazos
y desaparece.
A Martha le gusta viajar
y no permanece mucho tiempo en el mismo sitio.
1 comentarios:
Martha se siente muy agradecida.
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