no atraen la felicidad
como lo hacían antes.
El inconstante flujo de sensaciones
se debilita en esencia
y el té ya no es tan amargo
cuando el azucar duerme
en el fondo de la taza roja.
Que olvido remover su contenido
con profusa habitualidad
desde que te fuiste sin cerrar la puerta,
sin dejar una nota de despedida,
Como hice yo el mismo día
que salí por la puerta de tu dormitorio
borracho de rabia y vacio de esperanza
abandonando tu aroma
que se confundía ya con un dolor
intenso en el estómago
que el omeprazol aun hoy
no consigue calmar.
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