Llevo años, miles de años
amándote sin descanso, desde la continuidad absoluta,
pero más años diciéndote que te odio
porque que te amo hasta desear odiarte
a ti y a las telas que caen desde tus rodillas
y que yo recojo con amargura e ira
por no saber si vienen de tu más alta anatomía,
ya que estás sentada sobre mi nuca
y tus nalgas me impiden mirar el sol,
sólo veo la arena de la playa,
y siento un sol de justicia,
y es domingo.
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