A través del cristal

Emma se sentaba junto a la ventana de la habitación. Las maletas ya habían sido traidas del aeropuerto pero no las habían deshecho aun. El calor que inundaba la plaza a la que asomaba la estancia parecía atrapar su espíritu y aletargarlo. John salió del cuarto de baño con una camisa blanca limpia y una mirada que recorría curiosa la habitación.
- "Saquemos la ropa de la maleta", sugirió John.
- "No. Ahora no", replicó Emma. Y se quedó mirando el carrito de helados que decoraba con sus colores blanco y rojo la esquina del Banco Nacional.
- "Me encantaría un helado" susurró. Y John estaba a punto de descolgar el teléfono para ordenarlo a recepción cuando Emma gritó
- "No, no. helado de la plaza. No insulso helado de hotel".
-"¿Insulso helado de hotel? ¿Tiene sentido?", inquirió John.
- "Claro que sí...Mira, allí", y apuntó con su nariz el extremo opuesto de la plaza.
- "Bueno, vayamos a por él".
- "No, tú no tienes por qué ir".
- "Acércate tú entonces"
- "Pero es que hace tanto calor! Además...tenemos que deshacer la maleta"
El calor difuminaba la plaza. El carrito de helados, sólo, desatendido, continúaba inmóvil, la puerta del Banco no se abría. Un visillo caía en una ventana del hotel de la plaza.

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