Aprendí a decir que no

Aprendí a decir que no.
Me costaba trabajo
no herir otros sentimientos,
pero más aún
no responsabilizarme de ellos.

Dije no a la indignidad de otros
y sí a mi propia dignidad.
Acepté que el té
sabe mejor que el café.

Acepté que las tostadas
con tomate saben peor,
y lo mejor es
que puedo estar equivocado.

Dije que no al vendedor de Dvds
porque es fácil.
Le dije no a mi perro,
que no habla (y siempre me quiere).

Decidí no leer los libros de espías
que me fueron recomendados, poniéndolos en mis manos.
Ahora he aprendido a rechazarlos
usando una sonrisa y dando las gracias.

Me negué a aceptar los espacios con humos
y me negué a no aceptar
que tú sí los aceptas
y que puedes no entenderme (no eres despreciable por eso).


Y dije no a los músicos detestables
y sí a los apreciables (según mi criterio).
Valiendo la pena escuchar/ver a ambos
pues experiencia son (¿O no?).


Pero le dije no a la vida
y aprendí a decirle que sí.
Y te digo a ti NO
humanidad entera.

Pero también te digo sí
según mi criterio, momento
y situación. Aprender a decir no
es saber cuando decir sí.




No hay comentarios: