¡Me mira!¡Creo que me mira! Son miradas furtivas, mostrando cierta casualidad al conectar nuestras pupilas entre la gente. Esta con sus amigos, por lo que veo, pero no me importa, nada me importa mucho estas horas, pero un tipo no deja de bailar alrededor de ella. Lo intenta esquivar, lo rehulle, pero él sigue. Pobre idiota ¡Es mía ¡Me espera mí! Exorcisado de los efectos de la hierba me acerco a ella, rozo su brazo con mi brazo, mi espalda con su espalda, mis gluteos también participan. Nos movemos al mismo ritmo, no importa la música, siempre el mimo ritmo, mientras giramos poco a poco nuestros cuerpos, despacio, disimuladamente, rotando el uno sobre el otro hasta que nos podemos mirar el uno al otro, pero no lo hacemos porque a veces la piel dice más que una imagen o mil y una palabras. Y bailamos y nos acercamos, y seguimos ese ritmo que siempre es el mismo a la vez que mi mejilla es tocada por su mejilla, cálida, suave sus labios musitan unas palabras que apenas alcanzo a escuchar, pero que comprendo perfetamente. y seguimos bailando con un ritmo que es siempre el mismo, porque el ritmo da igual si los labios se acercan poco a poco y terminan uniéndose en un acoplamiento perfecto, como ensayado en multitud de ocasiones. Y seguimos bailando, y bailando, siempre el mismo ritmo, igual, siempre igual, que no acabe nunca que temo que, si lo pierdo, también perderé a esta bella desconocida.
Bella desconocida
Ya es bastante tarde, pero aún tenemos tiempo y deseo de tomarnos una última cerveza, o penúltima, en el único antro en el que nos permiten la entrada a estás horas. Apostaría a que muchos de los afortunados en entrar en las "salas de moda" no son mucho más decentes que yo, pero parece que nuestra ropa y el hecho de ir colocados a base de porros y algo de alcohol no casa con sus cánones estéticos (la coca sin embargo sí). Me da igual. Hoy, como siempre a estas horas, todo me da un poco igual. El calor de la sala sube como un volcán de humo de cigarro y me deja durante un par de segundos sin respiración. La oscuridad ayuda a perderme entre la gente y deambular entre la multitud en busca de mis colegas, gente legal que seguramente me dejarían tirado en cualquier ocasión, como yo haría con ellos. Es justo, pero no, esta vez me esperan en la esquina, junto a un altavoz que me destroza los timpanos sin que yo lo note, pues el alcohol ya lleva realizando su función anestésica unas horas. Bailamos en círculo, como un clán cavernario invocando al dios de la lluvia, de la guerra o de la caza. Pero hay mucha gente, hace calor y mi espalda hierve al contacto de una espalda probablemente femenina, por la forma y tamaño. Su cuerpo desprende calor, me provoca bochorno, es incómodo...y me retiro un par de pasos. De paso le doy un par de caladas al canuto de uno de mis colegas.¡Dios mío!¡Qué bajón me ha dado la maría! Necesito sentarme o me caeré a suelo. Me siento en una pequeña plataforma y desde mi atalaya puedo ver mejor a la dueña de esa espalda ardiente. Una chica morena, con flequillo como probablemente el 70% de las presentes, entre ellas algunas de mis amigas. Unos pantalones cargo de color..¿verde militar? y una camiseta de tirantes negra que invitan a imaginar un irresistible cuerpo delgado que mis manos desearían explorar.
¡Me mira!¡Creo que me mira! Son miradas furtivas, mostrando cierta casualidad al conectar nuestras pupilas entre la gente. Esta con sus amigos, por lo que veo, pero no me importa, nada me importa mucho estas horas, pero un tipo no deja de bailar alrededor de ella. Lo intenta esquivar, lo rehulle, pero él sigue. Pobre idiota ¡Es mía ¡Me espera mí! Exorcisado de los efectos de la hierba me acerco a ella, rozo su brazo con mi brazo, mi espalda con su espalda, mis gluteos también participan. Nos movemos al mismo ritmo, no importa la música, siempre el mimo ritmo, mientras giramos poco a poco nuestros cuerpos, despacio, disimuladamente, rotando el uno sobre el otro hasta que nos podemos mirar el uno al otro, pero no lo hacemos porque a veces la piel dice más que una imagen o mil y una palabras. Y bailamos y nos acercamos, y seguimos ese ritmo que siempre es el mismo a la vez que mi mejilla es tocada por su mejilla, cálida, suave sus labios musitan unas palabras que apenas alcanzo a escuchar, pero que comprendo perfetamente. y seguimos bailando con un ritmo que es siempre el mismo, porque el ritmo da igual si los labios se acercan poco a poco y terminan uniéndose en un acoplamiento perfecto, como ensayado en multitud de ocasiones. Y seguimos bailando, y bailando, siempre el mismo ritmo, igual, siempre igual, que no acabe nunca que temo que, si lo pierdo, también perderé a esta bella desconocida.
¡Me mira!¡Creo que me mira! Son miradas furtivas, mostrando cierta casualidad al conectar nuestras pupilas entre la gente. Esta con sus amigos, por lo que veo, pero no me importa, nada me importa mucho estas horas, pero un tipo no deja de bailar alrededor de ella. Lo intenta esquivar, lo rehulle, pero él sigue. Pobre idiota ¡Es mía ¡Me espera mí! Exorcisado de los efectos de la hierba me acerco a ella, rozo su brazo con mi brazo, mi espalda con su espalda, mis gluteos también participan. Nos movemos al mismo ritmo, no importa la música, siempre el mimo ritmo, mientras giramos poco a poco nuestros cuerpos, despacio, disimuladamente, rotando el uno sobre el otro hasta que nos podemos mirar el uno al otro, pero no lo hacemos porque a veces la piel dice más que una imagen o mil y una palabras. Y bailamos y nos acercamos, y seguimos ese ritmo que siempre es el mismo a la vez que mi mejilla es tocada por su mejilla, cálida, suave sus labios musitan unas palabras que apenas alcanzo a escuchar, pero que comprendo perfetamente. y seguimos bailando con un ritmo que es siempre el mismo, porque el ritmo da igual si los labios se acercan poco a poco y terminan uniéndose en un acoplamiento perfecto, como ensayado en multitud de ocasiones. Y seguimos bailando, y bailando, siempre el mismo ritmo, igual, siempre igual, que no acabe nunca que temo que, si lo pierdo, también perderé a esta bella desconocida.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

1 comentario:
He pasado por aquí y ¡Qué maravilla de texto! ¡Me ha encantado! sugerente, muy sugerente.
Un besillo, Maris
Publicar un comentario