La Senda de Martín Pérez (A Silverline (Rayo de Sol))

El sol cegó los ojos de Martín al salir de la optica. Y así, cerebro aturdido y ojos cegados, empezó a andar por la calle Cruz, una de las más comercial de toda la ciudad. No era ni mucho menos una avenida, al contrario, sólo tenía una carretera con dos carriles y dos aceras incapaces de dar a basto con el tráfico humano en época de rebajas. También era conocida como la calle del encuentro, ya que no era difícil encontrarse en ella con algún conocido, no importaba la hora que fuera. Si llegabas tarde a algún sitio, era mejor no pasar por ella. Sin embargo Martín no tenía prisa alguna. Comenzó a andar hacía la izquierda, por pura inercia más que nada, con los ojos cerrados por el sol que calentaba su cara.
"Para andar, es mejor abrir los ojos. No vaya a ser que te choques con una farola". Una voz acarició los oidos de Martín. La vista borrosa no le impidió reconocer a su abuelo.
"Jajaja... Tienes razón. Mejor me fijo donde piso", dijo con una sonrisa.
"Sí, a veces tengo razón, jeje...", aseveró el anciano con una voz que traía a Martín el recuerdo del aire rozando las hojas de los árboles.
El abuelo de Martín trabajó muchos años en aquella calle. Tintorería la Americana era el nombre del negocio que regentó al menos treinta años. Y durante esos treinta años fue conocido y querido por todos el gremio de comerciantes de la zona. Tanto significó aquella calle para él y su familia que, una vez fallecido, era normal que quedara por aquellos lugares testigos de gran parte de su vida.
"Hacía tiempo que no te veía, Abuelo ¿Cómo te va todo?", preguntó Martín.
"Pues... bien, bien.No me puedo quejar, disfruto de mi tiempo libre, veo gente nueva todos los días y cuando llueve no me mojo... Sin embargo cómo estoy yo no es lo más importante ¿Cómo estás tú? Y no me digas que bien, que te acabo de ver salir de la optica donde trabaja la señorita "no me he tirado un pedo en mi vida" sin rumbo fijo.".

1 comentario:

Anónimo dijo...

;)

Pues no está nada mal...