Punto y final...seguido

Si algo caracterizó mi adolescencia, y probablemente la de muchos, fue la sensación de cambio. Sentía con cierta frecuencia que una etapa de mi vida se acababa para pasar a otra y, como un torero antes de una corrida, sentía un hormigueo que recorría mi cuerpo, una emoción (a veces un miedo) producida por una serie de perspectivas que se abrían ante mí. También reconozco que me creaba cierto desasosiego el ver que mi vida no paraba de cambiar, que esas "etapas" eran demasiado cortas. En fin, que pasó bastante tiempo hasta que esa sensación no volvió a aparecer, al menos de manera tan intensa. De hecho tenía la sensación de que la vida empezaba a ser algo que ya dominaba, con lo positivo y negativo que tiene la comodidad de lo conocido, de andar sobre terreno conocido. Qué curioso que esa sensacion vuelve a apoderarse de mí, esa misma emocion, esa incertidumbre sobre lo que vendrá después, e incluso, porque negarlo, cierto miedo, cuando pienso en ciertas posibilidades que ahora se me abren. pero no un miedo atenazante, no un miedo que hace huir, sino un miedo mezclado con ilusión (rara combinación si lo pienso fríamente). Ilusión por descubrir, ilusión por conocer, por aprender y, como consecuencia, por crecer ¿Qué deparará el futuro?¿Cómo cambiará mi vida? No lo sé ni haré el esfuerzo por adivinarlo porque el futuro no está escrito, lo hacemos nosotros con cada acción, cada paso y cada decisión. Por ahora vivo feliz con todos mis logros, con mis decisiones (a veces arriesgadas) acertadas, con todas las etapas anteriormente pasadas, y también feliz por mis derrotas, mis equivocaciones y mis fallos, pues todos ellos me hicieron aprender.

No hay comentarios: