La Senda de Martín Pérez (Agenda en blanco)

Martín tuvo siempre claro, de alguna manera, que la constancia y el trabajo siempre traían su recompensa, pero tampoco tenía muy claro que un cuento popular aparecido por casualidad fuera una señal reveladora, una guía para su cambio vital.
"¿Dónde encontraré esa bifurcación vital?¿Realmente existira algo así?... ¡Mierda! ¡Hoy tenía la entrevista de trabajo en Optiglass!"
Su madre siempre le aconsejó que usará la agenda, aquella que su tío Luis le regalaba cada año, a lo que Martín replicaba que "apuntar cualquier cosa sólo sirve para darte cuenta de que se te han olvidado más cosas de as que eres consciente";y ahora sabía que, una vez mas, en sus oidos resonaría ese "¿Cuándo me harás caso?".
Pero no había tiempo para preocupaciones superfluas. A pesar de que su barba de tres días y su camisa elegida al azar no resultaban una buena carta de presentación, ya no había tiempo para cambios. Demasiado lejos de casa.
treinta minutos y dieciocho euros de taxi más tarde, llegaba tarde al megacomplejo óptico. En recepción le esperaba una mujer alta y delgada, vestida más como una maestra de ceremonias de una pasarela de modas, que como...
"¿Relaciones públicas?", se preguntó Martín mientras se rascaba tras la oreja y guiñaba un ojo.

No hay comentarios: