La senda de Martín Pérez (primeros pasos)

Aquella mañana Martín decidió cambiar su vida. Era un buen momento, pensó. El día despertó especialmente claro (y es que es fundamental que el día esté "especialmente" claro para cambiar de vida) y su dolencia crónica lo había visitado esa mañana en forma de dolor suave e ininterrumpido. Dos buenas excusas para no ir a trabajar y plantearse nuevas metas, objetivos distintos, desautomatizar una vida que parece que marcha sola, obviando que es él su protagonista
-"Definitivamente primero debería desayunar un poco o terminaré enrolado en un carguero malayo o haciéndome Raeliano", pensó en voz alta." Claro que, si llegara a ser la mano derecha de su lider, mi vida cambiaria radicalmente ¡Qué tontería! Mejor bajaré a tomar algo en la cafetería de la esquina".
El sol entraba cegador a través del sucio cristal de la puerta que daba acceso al edificio.
-"¿Pero realmente da acceso al edificio o a la calle?", se cuestionó mientras sacaba las gafas de sol del bolsillo de su chaqueta.
-"Bonitas gafas", interrumpio la insustancial reflexión una voz chillona y semitemblorosa que parecía pertenecer más a un puber de incipiente barba que a la persona que pronunció el halago. Martín no recordaba su nombre. Probablemente nunca lo había sabido. Era conocido en el barrio(y probablemente en gran parte de la ciudad) como el andarín, porque dedicaba sus días a recorrer las calles de la ciudad pidiendo cigarrillos a los clientes fumadores en las terrazas de los bares. También se le conocía como el mudo, así que el acto comunicativo de aquel hombre realmente le sorprendió.
-"Gracias. No me salieron muy caras", acertó a contestar sin poder quitar la vista de los dedos de aquel trotacalles que tamborileaban los de una mano contra los de la otra, dando una estampa bastante siniestra a un personaje cuyo único delito hasta la fecha fue nacer demente y aficionarse al tabaco ajeno.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Voy a seguir tu ejemplo y a continuar en el preciado anonimato para reincidir en que me encanta la suavidad de tu tono de salpicaduras con ambiente inglés. Aún así, mi subjetividad ha teñido mi lectura y no consigo reconocer lo de los personajes que estaban inspirados en personas reales.

No obstante, hay algo que me suena familiar(aunque puede que este equivocada): eso de la puerta que da al edificio o a la calle... Según s emire. Los relativismos son temibles y adorables.

Un besito, espero ansiosa más entregas.

Anónimo dijo...

Me encanta el comienzo de esta historia, y ya nada mas empezar, en esas pocas líneas, has conseguido que me enamore de esos personajes que siento tan familiares.

Espero impaciente a ver porque derroteros va mi amigo Martín y sus gafas de fibra óptica.