Pero un encuentro en el portal con un reglón torcido que pide tabaco por las calles no supone una auténtica revolución del ser. Además el bar de la esquina estaba demasiado cerca como para darle más vueltas al tema.
-“Tostada con mantequilla y mermelada y un café con leche, por favor”, Martín pidió amablemente al camarero.
-“¿La prensa como siempre?” añadió el camarero, y aquella sugerencia cayó sobre Martín como un reguero de agua helada sobre su espalda.
-“¿Como siempre?”, se preguntó indignado. ”Si soy un cliente accidental. Si siempre desayuno en casa ¡Esto es indignante¡¿Tan rutinario parezco?¿Tan prototípico? ¡Joder, mi lengua!¡Cómo quema el café!”
-“¿Quieres una historia?”, interrumpió la queja un hombre con voz de vieja vendedora ambulante.
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